martes, 1 de noviembre de 2011

Angela Merkel, ¿la heroína de la Eurozona?

Pablo González Huerta

Unos días después de la cumbre en la que los líderes comunitarios llegaron a un acuerdo para ponerle coto a la crisis de la Eurozona, predominan en Berlín las opiniones positivas sobre la actuación de la canciller alemana, Angela Merkel, en Bruselas.

La Eurozona ha acordado condonar el 50% de la deuda griega, reforzar el fondo de rescate hasta un billón y la recapitilazación bancaria. Los elogios son articulados sobre todo por los miembros de su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU); entre ellos se habla de un paso importante para la estabilización del euro, de la manera en que la jefa de Gobierno impuso los puntos de su agenda, del don de mando de Merkel.

Pero en la satisfacción de los democristianos se deja sentir también un toque de alivio. Después de todo, durante los últimos meses, a Merkel se le echó en cara su tendencia a la vacilación y al titubeo, tanto en asuntos de política interior como en el ámbito continental. Y no fueron solamente los más escépticos quienes advirtieron que no cabía esperar demasiado del encuentro de Bruselas. Ahora, más de uno se frota los ojos, incapaz de creer las decisiones que han sido tomadas y la velocidad con que se han asumido ciertas medidas.

Lo que durante semanas –más bien meses– fue visto como algo imposible, se ha vuelto factible de la noche a la mañana. A Grecia se le condonará la mitad de su deuda y el sector privado –los bancos y las aseguradoras– tendrá que meter el hombro para que esto sea posible. Si no logran hacerlo solos, deberá echarse mano a la ayuda nacional, antes de que Europa intervenga con su fondo de rescate. Y el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) no obtendrá licencia bancaria alguna por ello, como lo exigían los franceses.

La crisis financiera global ha afectado a Grecia en mayor medida que al resto de países de la Zona euro, pero el elevado endeudamiento de Atenas combinado con su escasa credibilidad han puesto en riesgo al resto de los miembros del euro, y su debilidad ha sido aprovechada por los especuladores para atacar a la divisa europea y extender los temores de contagio a otras economías de la Eurozona, como la española.


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